Íñigo Urquía

Periodista

Javier Rojo: “Ibarretxe piensa que Euskadi es él; su propuesta es la radiografía de un fracasado”

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Socialista, vasco y español. Javier Rojo (Pamplona, 1949) no se siente “incómodo en este triple papel”, y afirma sin ambages que “España da más que lo que quita”. “España no resta; España suma, España aporta, España da fortaleza, da un plus de identidad pero, sobre todo, de progreso”, sentencia.

Vitoriano de adopción, casado y con dos hijas, este dirigente del PSE-EE preside desde abril de 2004 el Senado. Rojo explica a ADN.es por qué no se ha reformado la Cámara Alta en esta legislatura y profundiza en la situación política del País Vasco.

– Aseguran que esta institución es la segundona del Congreso de los Diputados: ¿de verdad sirve para algo el Senado?

– Sirve para lo que la Constitución determina. Aunque es verdad que es una cámara de segunda lectura, venimos reformando cerca del 90% de las leyes. En si mismo, esto ya justificaría la existencia de la Cámara Alta. Sin embargo, su misión no es esa, sino la de ejercer como cámara territorial, cosa que hoy todavía no hace totalmente, a consecuencia de que aún no hemos logrado reformarla.

– Ésta ha sido la legislatura de las reformas estatutarias, que han ido por delante de la propia modificación de la Cámara. ¿Muestra este hecho las carencias del Senado?

– No, no. Hemos reformado estatutos, hemos apostado por las lenguas cooficiales, hemos traído las Cumbres de Presidentes y también se ha hecho el debate autonómico con normalidad. Si a esto le añadimos que el presidente [José Luis Rodríguez Zapatero] explicó aquí los proyectos territoriales, así como la presencia del Gobierno mes a mes, para contestar a la oposición, sería bastante injusto no reconocer que ésta ha sido la legislatura más importante de la Cámara Alta en toda la democracia. Pese a ello, hace falta acoger con valentía la reforma de la institución.

– Zapatero y usted estaban muy comprometidos… De hecho, en el saludo de bienvenida de la web del Senado, usted todavía promete que acometerá la reforma en esta legislatura. Tras intentarlo hasta el final, ha tenido que tirar la toalla ¿Por qué o por quién?

– Sí, pretendo que la página web se quede así hasta el final, porque no es culpa del presidente del Senado que no se reforme la Cámara. Por tanto, yo no voy a asumir más responsabilidad que la que tengo. El partido al que pertenezco, el PSOE, también ha mostrado su disposición en numerosas ocasiones: el PP no ha querido acometer la reforma y ellos tendrán que explicar por qué.

– ¿Llegarán esas modificaciones en la próxima legislatura?

– Espero que sí. Hemos allanado el camino y espero que por fin se afronte el tema con normalidad. Es una exigencia de la política y de la propia sociedad, que quiere vernos siendo más útiles de lo que somos.

– Pero, ¿cómo debería remozarse la Cámara?

– El modelo que tenemos es la consecuencia de lo que hicimos en el año 1977, en aquellas primeras elecciones democráticas. Desde entonces, hemos ido modificando y cambiando algunas cosas del Reglamento, pero su columna vertebral no la hemos tocado. Por tanto, habría que plasmar en la cámara territorial la España del año 2007, la del respeto a las autonomías. En cualquier caso, hoy tenemos menos problemas que hace 30 años, a pesar de lo que algunos digan: sin duda, los nubarrones que teníamos en la España de aquel entonces no tienen nada que ver con el horizonte y la claridad de hoy.

Ahí quería llegar: ¿España se rompe? ¿Tan malo es descentralizar?

– España, ¿cómo se va a romper? Ni se rompe ni hay pretensión de romperla. Está más fuerte que nunca. Hay que ver las cosas con mucha madurez, mucha inteligencia, mucha serenidad y, sobre todo, con mucho talante democrático.

– Usted telefoneaba a Jaime Mayor Oreja (PP) cuando éste era ministro del Interior para acordar una respuesta conjunta frente al terrorismo. ¿Qué ha cambiado y por qué?

– Eso se lo tendrá que preguntar a otros, yo sé lo que hacíamos nosotros entonces, cuando había unas reglas muy positivas. La sociedad española, con independencia de lo que pensemos unos y otros, nos quiere ver a los demócratas juntos en la lucha contra el terrorismo. Hoy, desgraciadamente, las cosas se han venido haciendo de otra forma diferente, pero yo no he perdido la esperanza de que esto se reconduzca.

– ¿Qué opina de la política antiterrorista del PP en los últimos años?

– No voy a exagerar ninguna de las valoraciones sobre esta cuestión: cada uno debe ser consciente de su responsabilidad. Sólo diré dos cosas. En primer lugar, que es al Gobierno de España a quien le toca liderar la lucha contra el terrorismo; es su responsabilidad. Por otro lado, el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo determina también que es el Gobierno quien debe guiar en esta lucha, compartiendo la responsabilidad con los demás [partidos políticos]. Por ello, habría que dar al Ejecutivo la misma responsabilidad y la misma confianza de la que gozaron otros Ejecutivos, como el del PP, cuando le tocó gobernar el país. Yo no pido más, yo no reclamo que tenga más atribuciones o más confianza que el anterior. Yo sólo pido que tenga lo mismo. Esto es lo que voy a decir y cada uno que juzgue las posiciones y las políticas de cada uno, lo que unos hicieron en el pasado y otros hacemos en el presente. Ahora bien, lo que nadie puede decir a este Ejecutivo es que ha habido una cesión ante la presión de los terroristas o de los que defienden el terrorismo. No ha habido cesión, no ha habido concesiones, no se ha cedido al chantaje: aquí ha ganado el Estado de Derecho y la democracia.

– Decenas de miles de vascos salieron a la calle hace una década para mostrar su rechazo a la violencia. ¿Se ha pervertido el espíritu de Ermua?

– No. Estamos mejor; aquello que se hizo fue un aldabonazo a las conciencias. Fue muy importante y hoy vivimos sus consecuencias.

El terrorismo se ha convertido en fuente de desunión entre los demócratas. ¿Habría que volver a un pacto de Estado?

– Siempre hay que tener la voluntad de llegar a un pacto, siempre.

– ¿En qué términos?

– Son bastante simples, porque está todo escrito en el Pacto. Esas bases son positivas y lo que hay que hacer en este momento es tratar de sumar a más fuerzas políticas. Aunque, en un tema tan importante como éste, los partidos más importantes son el PSOE y el PP, habría que intentar sumar a los demás partidos del arco político.

– También a los nacionalistas democráticos, supongo…

– Evidentemente, son parte de nuestra Constitución. Nos equivocaremos si les excluimos porque, cuando uno incluye en vez de excluir, es más fuerte y abarca más, porque la sociedad es diversa y plural, y tiene muchos matices. Si España es así, construyamos España como es y no como algunos creen que España pinta. Nuestro país no tiene sólo dos colores, sino que pinta de muchos colores.

– ¿Ve sentados en la misma mesa a los actuales PNV y PP?

– No entiendo por qué no pueden volver a hacerlo. Aquí ya se inventó eso, y funcionó: no veo por qué las cosas deben ser ahora de diferente manera.

– ¿Confiaba en que ésta fuera la legislatura de la paz?

– Por supuesto. Y [confiar] es algo muy positivo para poder vivir en una sociedad como la vasca. Cada día que me levanto es un día más que ganamos a los violentos. Yo miro lo positivo y no lo negativo, porque quiero seguir viviendo, porque quiero seguir pensando que mis hijos y mis nietos tienen que vivir en una sociedad distinta a la que me ha tocado a mí. En este sentido, la vida está para los optimistas. No me resisto a no ganar.

– Opinó que José María “Aznar lo tuvo más fácil que [Felipe] González” y “Zapatero mejor que Aznar”… No obstante, ¿cree que Zapatero se equivocó con su optimismo previo al atentado de la T-4?

– El presidente del Gobierno dijo todo lo que tenía que decir al respecto e incluso pidió disculpas en el Parlamento. Ahora bien, la respuesta no hay que pedírsela al presidente del Gobierno, sino a los terroristas. Por todo ello, yo no voy a entrar a criticar al presidente del Gobierno, ni a éste ni a ninguno. Yo no dudo que los presidentes –Adolfo Suárez, González, Aznar, Zapatero- perseguían como objetivo lo mismo, acabar con el terrorismo. En suma, nos equivocaremos si entramos a responsabilizar a aquellos que no son responsables de que haya terroristas: ¡los terroristas están ahí!

– ¿Una solución dialogada para llegar a la paz?

– Depende. El diálogo es el instrumento que tenemos los demócratas, pero primero la paz y luego la política. Lo que no puede ser es que algunos traten de condicionar nuestras decisiones con la violencia. Nadie puede discutir con otro si tiene una pistola sobre la mesa. La paz es previa a todo, por eso no voy a entrar a discutir con quién me tengo que sentar [, ni sobre los interlocutores del proceso], sino sobre las condiciones de la paz. Y, hoy por hoy, no se dan así que, ¿para que vamos a seguir discutiendo?

– Como socialista vasco, ¿qué le parece que se abriera un proceso contra Patxi López y Rodolfo Ares por entrevistarse con miembros de Batasuna?

– En fin… No lo puedo entender. Entre otras cosas, porque el propio [juez] Baltasar Garzón manifestó que se podía hacer… Unas conversaciones que se hicieron con luz y taquígrafos… Me parece que tiene más tintes de refriega entre partidos que de realidad que preocupe a la sociedad. Lo que habría que poner en valor sería qué se le dijo a Arnaldo Otegi: que dejaran de ser el problema para unirse a la solución, que debían acatar la Ley de Partidos y que con violencia, nada. Esas tres premisas fueron las que se plantearon, así que no sé donde está el delito. ¿El delito dónde está? Bueno, ya lo dirán los jueces.

– ¿Cuánto tiempo pasará hasta que pueda volver a plantearse otro proceso de diálogo?

– Yo lo que sé es lo que está haciendo el Gobierno, que es poner todos los medios para acabar con la lacra del terrorismo y, por tanto, comparto. Lo otro, cuando toque ya tocará, pero primero hay que acabar con esto.

– ¿Cree que se planteó en algún momento el pago de un precio político, como sugiere el último zutabe de la banda?

– No puedo entender cómo alguien puede dar crédito a los terroristas. Lo que no puede ser es que, si me viene bien, les dé crédito, y si no, no. En cualquier caso, la mejor demostración de que eso es falso son las pruebas, que demuestran que no ha habido ningún tipo de concesión, ni una coma: no ha habido excarcelaciones, ni acercamientos de presos, ni Navarra, ni Euskadi ni nada. No se ha cedido en nada y por eso no tienen credibilidad.

– ¿Considera que es bueno que la izquierda abertzale tenga representación parlamentaria?

– Considero que es una sensibilidad que está en la sociedad vasca y a mí me parece positivo que esté en las instituciones, pero en igualdad de derechos y condiciones que el resto de las formaciones políticas. Ni mejor, ni peor, todos iguales ante la ley y compartiendo los mismos objetivos.

– ¿Qué sucederá si ilegaliza ANV de cara a las elecciones de 2008?

– Eso le corresponde determinarlo a los jueces pero, por pasar, no pasaría nada.

– En ocasiones ha mostrado su disposición a establecer alianzas entre el PNV y el PSE… ¿Cabe este planteamiento si Ibarretxe desoye la Constitución y el Estatuto de Gernika?

– El PNV es mucho más que Juan José Ibarretxe y Euskadi es mucho más que el PNV. Euskadi es transversal y plural; en Euskadi hay dos almas. Mi opción política es una parte de la comunidad y la otra es el nacionalismo democrático, y esas dos almas deben convivir y compartir. Como ciudadano, lo que quiero es representar a esa gran mayoría de vascos y vascas, y dejar de estar todo el día discutiendo de la identidad, de los derechos históricos y de estas cosas que discutimos sobre nosotros mientras el mundo avanza. Entiendo que esto parezca complicado desde Madrid pero, cuando vives en el País Vasco, te das cuenta que tu propia familia es así y no pasa nada. Tus hijos, tus yernos, tus padres, tus hermanos, tus primos… Todas las familias estamos entremezcladas y nos queremos, y eso es la vida, eso es lo que tenemos que construir.

– Pero el lehendakari avanza hacia la consulta del 25 de octubre de 2008… ¿Habrá perdido el PSOE un posible compañero de viaje?

– No, habrá perdido el PNV. A consecuencia de las políticas de Ibarretxe, el PNV va perdiendo elección tras elección, porque los vascos también se relacionan y se dan cuenta que el mundo es mucho más macro que micro. Pero el lehendakari se levanta cada mañana mirándose el ombligo, pensando que Euskadi es él y que Euskadi es el mundo mundial. Asimismo, estoy convencido de que la mayoría de la sociedad vasca da la espalda al proyecto del señor Ibarretxe, y no lo comparte, porque eso es fracaso y exclusión, es ver el mundo en blanco y negro. Pero yo no estoy nada alarmado, de verdad, aunque tenga la preocupación propia de un ciudadano responsable. De todas formas, lo que Ibarretxe ha puesto sobre la mesa, además de ser inviable, es imposible. En Euskadi el problema se llama Juan José Ibarretxe, ese es el problema, no la solución. De hecho, la propuesta que hizo es la radiografía de un fracasado.

– En su discurso inaugural afirmó en euskera “La paz hoy y para siempre, éste este el sueño para todos los vascos”. ¿Tiene esperanza o divisa lejos este sueño?

– Lo tengo todas las mañanas. Tienes que tener esa esperanza, porque si no lo único que te pediría el cuerpo sería abandonar. Yo me quedo con la esperanza, y es lo que transmito a los míos. Y por eso sonreímos, aunque haya días que sean más para llorar que para reír.

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