Íñigo Urquía

Periodista

Marruecos tensa la cuerda ante la visita de los Reyes

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Marruecos

Rabat tensa la cuerda que le une a Madrid, como ya hizo hace cinco años en la crisis del islote de Perejil. La visita de los monarcas españoles a Ceuta y Melilla desagrada al Reino alauí, que ha llamado a consultas a su embajador. Además, el nuevo Gobierno marroquí pretende usar este conflicto para buscar cohesión interna.

Los Reyes se desplazarán a las ciudades autónomas los próximos lunes y martes, en el primer viaje oficial de los monarcas a Ceuta y Melilla. Desde 1927, fecha en la que Alfonso XIII pisó estos territorios españoles en África, ningún monarca había visitado las ciudades en 80 años.

Sólo un día después del anuncio, Marruecos rechazó la visita a las “ciudadades ocupadas”. El ministro de Comunicación y portavoz del Gobierno, Khalid Naciri, afirmó el jueves que “todos los marroquíes están de acuerdo en que Ceuta y Melilla son marroquíes”, por lo que existen “líneas rojas relativas a la integridad territorial que no deben ser traspasadas”.

Naciri espera que “nuestros amigos españoles lo comprendan”, y que esta visita “no tenga consecuencias negativas sobre las relaciones marroquí-españolas”, según la agencia de noticias MAP. El ministro de Asuntos Exteriores, Taib Fassi-Fihri, fue más allá incluso y calificó estos enclaves de “ciudades marroquíes expoliadas”.

Tensión diplomática

La escalada alcanzó su punto de máxima tensión el viernes, cuando el Gobierno de Marruecos anunció la llamada a consultas de su embajador en España, Omar Azziman, durante “un período indeterminado”, según un comunicado el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación. La decisión se justifica en la nota “como seguimiento al anuncio oficial el viernes de la lamentable visita de su majestad el rey Juan Carlos I“.

Según el portavoz del Gobierno marroquí, Jalid Naciri, Rabat considera que, después del anuncio de la llamada a consultas de su embajador en Madrid, “la pelota está en el campo de España”. El mismo viernes, el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, Miguel Angel Moratinos, contactó con su homologo marroquí, Taieb Fassi-Fihri. No obstante, España descartó que el Gobierno vaya a tomar “una medida similar” a la adoptada por el Ejecutivo de Marruecos.

La decisión del Reino alauí supone retirar su delegación de España, un acto de inusual dureza diplomática que pretende escenificar el descontento de Rabat con las políticas españolas. Hace prácticamente seis años que el Gobierno de Marruecos tomó una decisión similar: el 27 de octubre de 2001 acordó retirar durante un tiempo indefinido a su embajador en Madrid y cuatro días después canceló la Reunión de Alto Nivel entre ambos países, prevista para diciembre de aquel año.

En esa ocasión el motivo de la controversia fue la disconformidad marroquí ante la postura española sobre la cuestión del Sahara Occidental, pero a esa crisis le siguió el 11 de julio de 2002 la ocupación marroquí del islote de Perejil, lo que Rabat justificó como parte de su estrategia de “lucha contra la inmigración clandestina y el terrorismo”.

El regreso de los respectivos embajadores se produjo el 30 de enero de 2003 y, a lo largo de ese año, se pusieron en marcha diferentes grupos de trabajo hispano-marroquíes y se acordó celebrar la cumbre de Alto Nivel, suspendida desde hacía cuatro años, que finalmente se celebró los días 8 y 9 de diciembre.

La mejora de las relaciones entre los dos países quedó puesta de manifiesto con la visita, entre los días 15 y 17 de enero de 2005, de los Reyes de España a Marruecos, su segunda estancia oficial en este país y la primera durante el reinado de Mohamed VI.

Cautela en la Moncloa

El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) se ha movido con cautela en esta crisis. El lunes, Zapatero informó al líder del PP, Mariano Rajoy, de que Marruecos “no iba a poner problemas” a la visita de Juan Carlos I, tal y como informaron fuentes del Partido Popular.

Mientras tanto, el portavoz de Asuntos Exteriores del Grupo Parlamentario Popular, Gustavo de Arístegui, aseguró que la visita es “extraordinariamente positiva” porque refleja claramente que “son españolas e innegociables”.

Este viernes, la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, ha enmarcado el viaje en la normalidad institucional, y ha confiado en que las diferencias puntuales que puede haber con Marruecos no empañen las “relaciones extraordinarias” bilaterales.

Sin embargo, el PSOE elevó su tonó después de conocer la llamada a consultas de Azziman: la agenda oficial de sus majestades los Reyes “se decide en España”, sentenció la secretaria de Relaciones Internacionales del PSOE, Elena Valenciano.

Perejil en la retina

Este cruce de declaraciones recuerda a la crisis de Perejil. El 11 de julio de 2002 desembarcaron en este territorio español un grupo de militares marroquíes, lo que provocó la condena española. La recién nombrada ministra de Asuntos Exterirores, Ana Palacio (PP), se reunió entonces con su homólogo marroquí, Mohamed Benaissa, encuentro tras el cual comenzó a buscar apoyos en la Unión Europea y la OTAN.

A las 6.17 horas del 17 de julio, la Infantería de la Marina española desaloja de la isla a las tropas marroquíes y se hace con la situación. Tres días después, Rabat y Madrid, con la mediación de EEUU, llegaban a un acuerdo para volver al statu quo anterior al día 11.

Más de cinco años después, la tensión ha vuelto a adueñarse del otro lado del Estrecho de Gibraltar.

El Sáhara, clave

Además, el anuncio del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón sobre el inicio de una investigación a 13 altos cargos marroquíes por delitos de genocidio en el Sahara Occidental colocó en una situación delicada las relaciones del Gobierno con el país vecino. Para cortar de raíz la polémica, Moratinos, de visita en Marrakech, se mostró optimista y descartó que la actuación de Garzón obstaculizara los vínculos entre ambos países.

El general Housni Benslimane, máximo responsable de la Gendarmería Real marroquí, es uno de los trece altos cargos que estudiará por posible delito de genocidio. Benslimane está perseguido también con una orden internacional interpuesta por un juez francés la semana pasada en relación con la desaparición de Mehdi ben Barka, el principal opositor del régimen de Hassan II.

Sin embargo, el Reino alauí no ha cargado contra Francia ni contra su presidente, Nicolas Sarkozy, que la semana pasada visitó este país. Sólo en un día, el mandatario francés firmó contratos por valor de “3.000 millones de euros”. “Los intereses de Francia están siendo bien defendidos”, recalcó Sarkozy.

Mientras tanto, el monarca marroquí juguetea con Francia y España, según le convenga. Así, Mohamed VI alterna sus apoyos con las dos principales metrópolis europeas que colonizaron el Magreb.

Aunque la llegada de Zapatero a la Presidencia relanzó las relaciones bilaterales (Marruecos, por ejemplo, fue el primer país visitado por Zapatero tras su llegada a la Moncloa), las tornas no han cambiado en exceso.

Así, aunque las relaciones entre Madrid y Rabat han mejorado tras la crisis de Perejil, la reivindicación alauí sobre Ceuta y Melilla no ha dejado de originar conflictos: hace dos años, Rabat también censuró la presencia de Zapatero en sendas ciudades, la primera visita de un presidente del Gobierno a la zona desde Adolfo Suárez.

Con este tipo de reacciones, el Gobierno marroquí consigue señalar ‘enemigos externos’, para lograr así una mayor fortaleza interna en el país.

Esta táctica parece clave en la actual situación política marroquí. Precisamente, el partido Istiqlal (conservador y nacionalista) se hizo con el Gobierno el pasado mes de septiembre y ahora necesita borrar de su futuro inmediato el fantasma de la abstención (un 63% en los últimos comicios) y las amenazas del islamismo. En otras palabras: el Ejecutivo de Marruecos necesita subrayar su legitimidad, y litigios como el que ahora mantiene con España pueden contribuir a lograrlo.

Ceuta y Melilla, ilusionadas

Juan Carlos I y Sofía de Borbón ya habían mostrado en varias ocasiones su deseo de visitar estos enclaves españoles en África y el viaje de la semana que viene se produce porque es “un buen momento”. Esta determinación se ha acogido con alegría en las ciudades autónomas.

La portavoz del Gobierno de Ceuta, Yolanda Bel (PP), considera que “el Rey ha cumplido con su palabra”. Por su parte, el presidente de Melilla, Juan José Imbroda, ha manifestado que la visita era una “vieja aspiración” de los ciudadanos y del propio monarca que ahora se ve cumplida.

Los monarcas ya estuvieron en estas ciudades en 1970, cuando aún eran Príncipes de España, para presidir los actos de conmemoración del cincuentenario de la creación de la Legión, tal y como confirmó la Casa Real a ADN.es. Además, la de la semana que viene será la primera visita de un rey español en 80 años, desde que Alfonso XIII acudió en 1927.

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