Íñigo Urquía

Periodista

Mondragón no responde en masa al llamamiento de Sandra pero el PSOE arrasa y desbanca al PNV

leave a comment »

Las orillas del río Deba se despertaron envueltas por la neblina, como tras un mal sueño, aún con el recuerdo del funeral de Isaías Carrasco en la retina. Una lluvia rabiosa golpeaba contra las calles de Arrasate-Mondragón, localidad guipuzcoana donde residía la última víctima de ETA.

Ya no estaban los gerifaltes de la política, que habían vuelto a Madrid, Bilbao y Vitoria, pero este domingo se celebró en la comarca la fiesta de la democracia, la fecha marcada en el calendario para mantener o cambiar, urnas mediante, al inquilino del Palacio de La Moncloa.

Peaje

El peaje de la AP-1 donde trabajaba el socialista asesinado también amaneció con legañas. “Yo sí, claro que voy a ir a votar; mi compañera no lo sé”, respondía con aflicción uno de sus compañeros.

Muchos periódicos bajo el brazo, tres ovejas lachas sobre las montañas redondeadas y un pelotón de ciclistas recorriendo las carreteras de Elgoibar y Bergara. En Mondragón, un grupo de chubasqueros charlaban al lado de un cartel socialista que pedía el voto masivo, totalmente mojado por el aguacero.

Sandra Carrasco

Rosas rojas, luto negro

Carrasco sólo tendría que haber cruzado una calle perpendicular a la suya y caminar unos pocos pasos para depositar su papeleta: ETA le mató el viernes, robándole también ese derecho. Este domingo la calle Navas de Tolosa parecía un santuario. En el portal del ex edil y en el lugar donde cayó muerto, cientos de rosas tapizaban el asfalto mojado, algunas ya aplastadas por los coches. Frente a la casa, varias velas encendidas recordaban que la banda terrorista segó allí una vida.

“No han tocado nada, lleva así toda la noche y todo el sábado”, relató una vecina desde la ventana. Los paseantes se persignaban al pasar por la puerta, con la esquela de la víctima clavada con una chincheta, y algunos levantaban con timidez la mirada hacia los pisos de este edificio pintado de beis.

Una ikastola cercana

El sufragio que faltó el 9-M debía depositarse en las urnas de la Ikastola Arrasate, en el barrio de San Andrés, a las afueras de Mondragón. Mari Ángeles Romero Ortíz, la viuda del ex concejal tiroteado, acudió a votar 20 minutos después de que el centro abriera sus puertas, acompañada por el portavoz municipal del PSE/EE, Francisco García Raya, y por otros amigos.

Casi dos horas después, a las 11.45 horas, apareció Sandra, la primogénita del matrimonio, que el sábado instó a la ciudadanía votar “masivamente” como respuesta al asesinato de su padre.

El colegio electoral, ubicado a escasos 100 metros de la casa del asesinado (y, por tanto, del lugar de los hechos), recibía a las 11 de la mañana a un reguero de personas que querían ejercer su derecho al sufragio. Algunos trataban de no mirar a los ojos a los otros transeúntes, los demás caminaban con despreocupación.

No obstante, los vecinos del barrio parecían responder a la petición de Sandra e incluso algunos -los menos- atendían a los reporteros. A las puertas del colegio también hubo lágrimas, y personas que traían el sobre sepia y el blanco ya cerrados, en la mano, como un trofeo. “¿Viene a votar cada cuatro años?”; “hoy lo he hecho y lo que tengo que decir ya lo he dicho dentro”, respondió una de ellas.

Una pareja de treintañeros accedió por la rampa de minusválidos; la mujer subió las escaleras y el hombre se quedó cuidando de un cochecito de bebé. En tres minutos, ella estaba en la calle de nuevo. “Hay mucha gente, luego volvemos; es que le toca el biberón”, comentaron, sonriendo y señalando a su hijo.

Mondragón

Vuelta a la normalidad

Pasada media hora de las 12, los tañidos de una campana llamaban a misa en la iglesia de San Juan Bautista, la misma que el sábado acogió el funeral de Carrasco. A diferencia del obispo Juan María Uriarte, el cura comenzó su sermón sin mencionar que ETA había matado a uno de sus paisanos dos días antes.

Los católicos congregados vestían pantalones bien planchados y uno de ellos acudió más tarde al bar de enfrente para tomar un pintxo y un txato de rioja. Detrás, un txikitero con síntomas de embriaguez intentaba arrancarse con una canción, pero no cogió el tono.

Los paraguas se cerraron para mostrar el sol y Mondragón recuperó el pulso con sorprendente velocidad. En otra barra, un joven con seis pendientes en una oreja y no menos de ocho en la otra repasaba la prensa sin demasiada atención. El centro del pueblo hervía, y el ambiente electoral se trasladó al frontón, donde había diez mesas instaladas.

“Yo sí, yo sí”

“Ya hemos estado; venimos de allí”, indicaba un par de sesentones cogidos de la mano. La mayoría de los encuestados (no todos) aseguraron antes de las 15 horas que ya habían ejercido su derecho al sufragio. Otros preferían “ir a la tarde”. “Por supuesto que voté”, se indigna uno ante la pregunta.

El consenso, sin embargo, se rompió al cuestionar si, después de que ETA acribillara a Carrasco, había más, menos o los mismos motivos para concurrir a los comicios que antes. Unos aseveraban que el atentado reforzó su opción, que hay dar la cara y que la muerte de un vecino es un hecho que obliga a desperezarse en este gris y triste domingo de marzo, aniversario del ataque contra el ertzaina Iñaki Totorika, que murió hace siete años en Hernani. Los otros también lo tenían claro y repetían que la banda “no ha modificado ni un ápice” su decisión ni el signo de su voto. “Estas elecciones no tendrían que ser diferentes”, era el argumento.

La tarde llegó con sol frío. Poco a poco, también se recuperó la rutina perdida con los cinco disparos del pistolero: Euskadi vivía casi una víspera de lunes sin demasiados sobresaltos, una tarde en la que muchos callaban y pocos se arrancaban a hablar. Mientras caía la noche, una cuadrilla de niños pateaba un balón en el frontón descubierto, lleno de pintadas en favor de ETA. Y los transistores empezaban a escupir datos electorales.

Menos participación

Las arengas de Sandra no tuvieron todo el efecto deseado, pero el PSOE ganó en Euskadi, Guipúzcoa y Mondragón. De este modo, los compañeros de Isaías fueron el partido más votado en esta localidad, arrebatando la primacía al PNV. Con todos los sufragios ya escrutados, los socialistas lograron el 40,39% de los votos, casi 14 puntos más que en 2004. El resto de fuerzas de la Corporación perdieron apoyos.

Además, la victoria se vió refrendada por los datos de la provincia y la autonomía (con casi 13 y 11 enteros de aumento, respectivamente). Los resultados indican que hay una tendencia en el País Vasco de progresivo aumento del respaldo al socialismo, como ya quedó probado en las últimos comicios para las Juntas Generales de Guipúzcoa.

El punto negro de la jornada -ya de por sí marcada por el luto- lo puso la abstención, pese a los intentos de la familia del PSOE vasco de pedir la “movilización masiva”. La participación en el municipio ascendió al 59,51%, 14 puntos menos que hace cuatro años. Sin embargo, la cifra es engañosa, ya que los sufragios radicales supusieron a ese mismo porcentaje en los últimos comicios: hace cuatro años, los votos emitidos por la izquierda abertzale fueron nulos, porque correspondieron a las candidaturas anuladas de ilegalizada Batasuna.

No obstante, la afluencia a las urnas fue cuatro puntos menor en Mondragón y su provincia que en el resto de la autonomía, tal y como demuestran los datos después de descontar el sufragio batasuno más fiel. Los radicales habían reclamado el boicot y que la gente se abstuviera este domingo, en el que el 9-M coincidía además con las cantonales y municipales del País Vasco francés, al otro lado de la muga.

Pese a los buenos datos, los socialistas vascos recibieron los resultados con un regusto agridulce, entre el luto y la alegría. Miguel Buen, secretario general del PSE-EE de Guipúzcoa y cabeza de lista de la provincia, valoró las cifras como “un reconocimiento por parte de los ciudadanos al esfuerzo” de su grupo. Buen también quiso hacer llegar un mensaje a los nacionalistas: “La sociedad quiere acuerdos y no disensiones que pueden llevarnos al precipicio”, afirmó a ADN.es. El dirigente socialista dejó claro por último que lo que hay que hacer con los terroristas es “intentar que desaparezcan”, y para eso “hay que estar todos juntos”.

Mondragón estuvo presente a lo largo de toda la noche electoral y tanto José Blanco como José Luis Rodríguez Zapatero recordaron al concejal acribillado por ETA. “Cada voto es un abrazo”, sentenció María Teresa Fernández de la Vega.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: