Íñigo Urquía

Periodista

Francia destroza el santuario etarra

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Francia ha dejado de ser un santuario para la banda del hacha y la serpiente. Las detenciones de pistoleros en territorio galo se suceden con rapidez, y ETA ya no tiene tiempo para recapacitar: el Zuba, comité ejecutivo de los terroristas, siente en su nuca el aliento de las policías francesa y española.

El nuevo caudillo militar de ETA, Aitzol Iriondo, fue arrestado este lunes, sólo tres semanas después de acceder a la jefatura, apenas 21 días más tarde de la detención del jefe de los comandos de ETA, Mikel Garikoitz Aspiazu, Txeroki, en Cauterets, a 30 kilómetros de Lourdes.

El refuerzo de la colaboración entre Madrid y París ha dejado muy atrás la década de los años 80, cuando los “refugiados vascos” cruzaban la muga para buscar el santuario de Iparralde (el País Vasco francés).

Sin embargo, el Elíseo ha cambiado su actitud con respecto al problema vasco. Ya en julio de 2007, Francia y España declararon que su objetivo era ejercer “la máxima presión policial posible contra ETA”, según declaró el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, en una rueda de prensa conjunta con su homóloga, Michèle Alliot-Marie.

Poco a poco, la cooperación internacional comenzó a funcionar e, incluso, se tapizaron las paredes francesas con las caras de los pistoleros más buscados. Los éxitos antiterroristas no tardaron en multiplicarse.

Las autoridades francesas, incluso, han apuntado al entorno político de ETA, como cuando detuvieron a la cúpula de Batasuna del otro lado de la frontera. La detención de Unai Fano este septiembre abrió la veda y Francia descabezó a Batasuna en su territorio, que había cruzado los Pirineos al comenzar los procesos de ilegalización de ANV y del PCTV. La operación del Gobierno de París, que nunca había actuado contra este partido (legal en Francia), coincidió con otra reunión entre sendos ministros del Interior.

Detención de 'Thierry'Golpes encadenados

La detención de Aitzol Iriondo supone el tercer puñetazo en Francia a la cúpula de la banda terrorista en lo que va de año, tras el arresto del jefe político, Francisco Javier López Peña, Thierry, y del jefe militar, Txeroki, el pasado 17 de noviembre.

El golpe que la Guardia Civil asestó el 20 de mayo a ETA en Burdeos fue el comienzo de un cataclismo en la cúpula de la organización. Thierry, que junto a Txeroki ordenó dinamitar el último “alto el fuego permanente”, estaba considerado como el hombre con más peso político y militar. Tras su detención, Txeroki aprovechó para suspender el poder del Zuba, que siempre había regido los designios terroristas, y asumir temporalmente el mando único, según los Servicios de Información españoles.

Desde esta operación (en la que también cayeron la mujer que leyó el comunicado que declaró la tregua en marzo de 2006, Ainhoa Ozaeta Mendikute, el ex parlamentario abertzale Jon Salaberría, e Igor Suberbiola), los acontecimientos se han precipitado con gran celeridad.

Los cabecillas, al otro lado

Los jefes de ETA no tienen nada fácil mantenerse ocultos en Francia. La cooperación policial, reforzada desde que Sarkozy llegó al Ministerio galo del Interior, en 2002, se ha saldado con sucesivos descabezamientos de la cúpula terrorista. Si antes sólo tenían que preocuparse los activistas rasos, el miedo se ha instalado también entre los cuadros de mando.

El golpe de Bidart, el 29 de marzo de 1992, puso entre rejas al colectivo Artapalo y modificó por completo los patrones de lucha antiterrorista.

No obstante, antes de Bidart, Francia ya había arrestado a importantes etarras como José Arrieta Zubimendi, Azkoiti (el 5 de noviembre de 1986), o José Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera (el 11 de enero de 1989).

Sin embargo, la caída de José Luis Álvarez Santacristina, Txelis, Francisco Múgica Garmendia, Pakito, José Arregi Erostarbe, Fiti, y José Javier Zabaleta Elósegi, Baldo, provocó la mayor crisis interna de ETA hasta la fecha.

Tras el pacto de Lizarra y la ruptura en 1999 de la tregua, los mandamases etarras han sido arrestados por Francia -a veces en colaboración con España- uno tras otro. La banda ha demostrado, además, que intenta recomponerse rápidamente y que cubre las vacantes con jefes más jóvenes y que caen antes.

Ni París, la capital francesa, es una garantía de seguridad para los pistoleros, como demuestra el arresto de Javier Arizkuren Ruiz, Kantauri, el 9 de marzo de 1999. Sólo un año y medio después, en septiembre de 2000, Bidart volvía a ser el escenario de otra operación antiterrorista. El dirigente etarra Iñaki de Rentería, la persona que había ordenado atentar contra el Rey en 1995 y el responsable del comando que secuestró a José Antonio Ortega Lara, también era puesto a disposición judicial.

La policía francesa no tardaría ni dos estaciones más en atrapar a su sucesor, Francisco Javier Garcia Gaztelu, Txapote, acusado del asesinato del concejal del PP Miguel Angel Blanco en 1997. De este modo, el entonces jefe del aparato militar era enviado al calabozo el 22 de febrero de 2001, en Anglet.

Juan Antonio Olarra Guridi y Ainhoa Mugika Goñi tomaron su testigo y tuvieron algo más de suerte. No obstante, los agentes franceses les arrestaron en septiembre de 2002, en un supermercado de Talence. Olarra y Mugika, pareja sentimental, dotaban de armamento y fijaban los objetivos junto con Gorka Palacios (que caería el 24 de diciembre). Por encima de ellos sólo estaba Mikel Albisu, Mikel Antza.

Sólo cinco días antes de la detención de Palacios, arrestado cerca de Pau, Juan Ibon Fernández Iradi, Susper, el otro jefe militar de la banda en aquel entonces, era arrestado en Urt. Aunque consiguió escapar tres días después, la policía lo vuelve a cazar en diciembre de 2003, en Mont-de-Marsan.

Félix Alberto López de la Calle, Mobutu (atrapado en Angulema en abril de 2004) y Zigor Merodio (el primer arresto, en Burdeos, de un etarra durante la tregua decretada en la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero) tampoco escaparon de las redes francesas.

'Mikel Antza'Antza, 11 años al frente

El 3 de octubre de 2004, ETA sufrió el golpe más importante desde 1992, con la detención en Salis-de-Béarn de Mikel Antza, considerado como el número uno de la banda y máximo dirigente del aparato político desde 1992, y de su compañera Soledad Iparragirre, Anboto (con diez años en puestos de mando).

Antza era el responsable de los comandos legales y a su compañera se le atribuía el control del impuesto revolucionario. Ambos vivían en una granja de patos.

En cualquier caso, este jefe etarra permaneció en la cúpula entre 1993 y 2004, lo que le convierte en el jefe que más ha durado al frente de ETA en los últimos tiempos. Asimismo, este escritor aficionado al teatro, participó en la negociación que el Gobierno del PP mantuvo en Suiza con la dirección terrorista, en 1999.

Tras Antza caen, en distintas operaciones, Joseba Segurola Querejeta, número dos del aparato militar, Peio Esquisabel Urtuzaga, jefe del aparato internacional, y Zigor Garro, responsable de logística.

Grilletes galos

Asimismo, el 23 de marzo de 2005, la policía francesa detuvo en Lannemazan a Joseba Segurola Querejeta, presunto número dos del aparato militar.

El 28 de abril siguiente fueron detenidos en Toulouse al presunto jefe del aparato internacional, Peio Esquisabel Urtuzaga, y su supuesto adjunto, José Manuel Ugartemendia Isasa; y, un mes después, el 23 de mayo, fue detenido el presunto sustituto de Esquisabel, Ramón Sagarzazu.

El 28 de julio de 2005 también fue apresado en Brive la Gaillarde Jon Joseba Troitiño, considerado uno de los dirigentes del aparato militar, al igual que Harriet Aguirre, supuesto jefe de los comandos, detenido el 3 de octubre en Arpajon-sur-Cere.

Otro arresto importante fue el del 29 de noviembre de 2006, durante el alto el fuego permanente declarado por ETA, cuando fue detenido en Vauvert Zigor Garro, responsable de logística de la banda.

Este aparato sufrió nuevos varapalos policiales en julio de 2007, con las detenciones -cerca de París- de Iker Beristain y Liher Rodríguez (encargados de la falsificación) y en Angulema de Iker Mendizabal y José Juan García.

La actuación policial contra la logística etarra culminó el 26 de julio de 2007 con la detención en Rodes del considerado máximo responsable de logística, Juan Cruz Maiza Artola, Lohi. Maiza Artola, además, se convirtió en el primer jefe de ETA capturado tras la llegada de Nicolás Sarkozy a la presidencia francesa.

Este aparato se vio seriamente dañado semanas después, cuando la Guardia Civil accedió a la fábrica de bombas de ETA en Cahors. El 1 de septiembre, los agentes detuvieron en su interior al responsable de todas las innovaciones en los explosivos de la banda de los últimos tiempos, Luis Ignacio Iruretagoyena, Sunni, junto a otros tres terroristas.

Jaque a la banda

El análisis de la desarticulación de Bidart, el arresto de Mikel Antza y las detenciones de dirigentes etarras en el último año arrojan múltiples diferencias. De hecho, aunque las primeras y las que han llevado a Thierry, Txeroki e Iriondo a prisión se desarrollan en Francia, el tiempo entre arresto y arresto se ha reducido mucho, tal y como queda demostrado al comparar los 11 años que pasó Antza en la dirección con los 21 días del último cabecilla de los pistoleros.

La pericia policial y, sobre todo, la progresiva cooperación hispano-francesa está poniendo en jaque a los efectivos de ETA en suelo francés, que cada vez se sienten más desbordados por esta vertiginosa espiral dedetenciones.

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